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Este blog nace con la intención de ser no solamente un lugar donde incluir mis opiniones, comentarios, sugerencias, vivencias, informaciones interesantes, divertimentos, etc., sino también un espacio común donde poder comunicarnos.

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Carpe diem.


viernes, 22 de mayo de 2009

Las tribulaciones de un paciente en el dentista


Después de unos meses de tranquilidad física y espiritual tuve que ir al dentista para que me efectuaran, en vivo y en directo, una revisión "tipo ITV" de mis piezas dentales. Debo confesar que, gracias a los nuevos adelantos tecnológicos, todo ha cambiado bastante y no tuve muchos problemas, pero el ambiente y algún que otro olor sí provocaron en mí recuerdos de años anteriores en otras ¿clínicas? dentales y que se tradujeron en escalofríos en mi dolorido espinazo. Ahora al menos tengo dentistas en femenino, que siempre es mejor. Bueno, vale, vale... ya paso a contar algunos de ellos.

Sobre todo recuerdo una ocasión en la que el tiempo de espera fue doble, porque tuve que esperar bastante en la sala dedicada a tal fin y también después, cuando entré en el cubículo correspondiente (ahora conocido como "box", que siempre lo inglés mola más) y dejé que mis posaderas probaran la comodidad durante mucho tiempo de aquella especie de butaca - camilla.

Pues lo dicho, después de minutos y minutos de espera en la sala de ídem y de repasar revistas tan interesantes y formativas como las del corazón y/o las de coches (dos temas que no me interesan en absoluto), me hicieron pasar al lugar de los hechos. En tal lugar me invitaron a sentarme en aquella especie de butaca - sillón - camilla, me colocaron un mini-babero para que las pruebas del delito no mancharan mis elegantes ropas y me pusieron directamente esa boquilla retorcida del aparato succionador para ir adelantando. "No se preocupe, que el dentista viene enseguida", me dijeron amablemente.

Y yo permanecí en aquella situación y postura hasta nueva orden, ya que mis progenitores me enseñaron en mis primeros años de existencia que la obediencia es una gran virtud. El dichoso aparato (cuyo inventor seguro que pensó en aplicar al ámbito dental el artilugio-succiona-ubres utilizado para ordeñar vacas y otros animales susceptibles de extracción lechera) realizó su función a total satisfacción, puesto que mi boca quedó libre de saliva y se me resecó con gran rapidez. Yo, aburrido, sólo me distraía en hacer voces extrañas con aquel aparato en la boca y citar aquello de "Luke, soy tu padre", cual triste imitador de Darth Vader, esforzándome en grado sumo por darle un tono metálico a mis palabras.

Como el susodicho dentista - odontólogo - estomatólogo (cuantos nombres para lo mismo, ¿por qué?) seguía sin aparecer, me dediqué a acercarme esa curiosa luz que alumbra menos de lo que imaginas pero que te jode la vista igual. Y claro, me puse a recitar todas aquellas frases típicas de los interrogatorios de las películas de serie B. "No sé donde está el botín, lo juro". Nota aclaratoria: cuando hablo de botín con minúscula me refiero a aquello que consigues (dinero u otros objetos) después de un robo, no al Botín, con mayúscula, el del Santander, que tiene guita larga y para aburrir. Continúo. "Estoy diciendo la verdad, el conductor debía quedar con nosotros para repartir el dinero, pero se largó". "Lo juro, lo juro, no veo el informativo de Sánchez Dragó en Telemadrid". Etc. Etc. ¡Hay que ver las tonterías que se ocurren a uno cuando está solo y aburrido! Y si no, pues que se lo pregunten al impresentable de George Bush, que afortunadamente ya está fuera de circulación. Yo siempre lo digo, hay pocas cosas más peligrosas que un tonto - inepto - estúpido con poder. ¡Pero si casi se ahoga con una galleta! ¿Qué le pasó? ¿Se confundió y se zampó unas snack friskies caninas? Perdón, que me pierdo, me pierdo, y me voy por otros derroteros.

Después de unos minutos de larga espera y sequedad bucal, vi aparecer al dentista en cuestión. Realmente quedé impresionado por su firmeza al caminar y dirigirse hacia mí. A su impecable y blanco uniforme le acompañaba un elemento situado en su boca. Es curioso, vamos al dentista y él ve nuestros dientes pero nosotros no vemos los suyos y así saber cómo trabajan su colegas de profesión. ¡Maldita desventaja! Pues eso. Un elemento en su boca llamado "mascarilla", cuya función principal no es asegurar la higiene (no os dejéis engañar), sino tapar ciertas características faciales de su rostro y así dificultarnos la identificación cuando lo veamos por la calle, por alguna reclamación dental y/o monetaria. Por cierto, ahora estamos viendo en telediarios que algunos usan la susodicha mascarilla a porrillo, porque estamos inmersos en el peligro y la paranoia del "resfriado gorrino", concepto que acabo de crear para quitarle importancia y virulencia a la gripe porcina internacional.

Es curioso que cuando los dentistas empiezan a trabajar sobre, entre, hacia, contra... tus piños, te quedas medio absorto, anestesiado y sordo, debido a la multitud de manos que aparecen y desaparecen, artilugios con sonidos estridentes y muy desagradables que parecen que han salido de un museo de la tortura medieval e instrucciones en clave del estilo: "Practicar periodoncia en pieza 12 superior, combinando puente con implante, sumando funda si es necesario" (?). Lo dicho, una tortura. Además, no entiendes nada y te clavan un dineral por conceptos que se te escapan de tu presunta comprensión.

Después de haber efectuado las tareas de extracción, derribo e implantación correspondientes, te saludan atentamente y para que te vayas contento te dan un kit básico de limpieza; a saber: estuche de plástico con el nombre de la clínica dental, cepillo con cubrecerdas a juego, pasta (que te dura dos días), colutorio (que tiene las mismas letras que "locutorio" pero que, como diferencia, es imposible hablar si quieres utilizarlo) e hilo dental (que te dura dos días). Tú contestas: "Grrrrrassssssssiassfffffffgggggg", puesto que tu boca y tus mofletes tienen vida propia y no puedes coordinar los músculos de tu curioso semblante. "Tranquilo, que la anestesia durará poco..." Llega la hora de pagar y curiosamente te acercas al mostrador y te vuelves medio tonto porque no puedes articular una palabra sin comerte o añadir algún sonido de más o que se te escape el aire cual rueda pinchada. Es el síndrome "cara cartón - piedra". "Teee paghfo llo dehoyss y danme horra parta la sssemanya quoue vien·ner".

Tan sólo quiero salir a la calle y que me dé el aire fresco en la cara. Y cuando lo hago me doy cuenta de que la baba me ha llegado hasta el occipucio y continúa su camino por el cuello de la camisa. Seguro que si me miro en un espejo, ni Jim Carrey sería capaz de transformar su cara en algo remotamente parecido a mi jeta. Y lo peor es que se me ha quedado en la cabeza la cancioncilla de cuando estaba en la sala de des-espera-ción: "Dientes sanos, dientes blancos", tirori, tirori, chim pun, chim pun.

Eso sí, si los colegas te preguntan qué estabas haciendo la tarde anterior cuando no contestabas al móvil, siempre puedes decir aquello de: "Ayer estuve con una mujer que me plantó en una butaca, me puso en posición horizontal y durante más de 50 minutos me dejó con la boca abierta".

9 comentarios:

Manel dijo...

jejejejeje.

Sobre todo el final, apoteósico!!! Un 10, sí señor.

Saludos

ericbeat dijo...

Hola compañero:

Me alegro mucho de que te animes a dejar comentarios, porque me consta que visitas mi blog con frecuencia.

Respecto al final del texto, siempre hay que intentar acabar de la mejor manera posible y que quede un gustito agradable en las pupilas neuronales (concepto que me acabo de inventar).

Saludos cordiales y hasta pronto.

Anónimo dijo...

Holaaaa,
Jajajaja, me he dado la vuelta riendo Javi, y eso que estoy subrepticimaente leyendo en el curro y no me puedo explayar.
Muy chulo y divertido, de verdad.
A mi me ha encantado la parte de la mandíbula descolgada por la anestesia. Jijiji
MR

ericbeat dijo...

Hola MR:

Me alegro mucho de que te haya gustado y de que te hayas reído.

Yo me lo he pasado genial perpetrándolo (ideológicamente) y escribiéndolo, y de paso me ahorro un pastón en terapia al soltar estas tonterías.

Agradecimientos y besos mil por tus frecuentes visitas y comentarios.

Eloisa dijo...

Jajajaaja muy muy bueno Javier.
Recuerdas lo que hablábamos el otro día? Pues lo veo más como un guión o un gran monólogo, bordado.
Felicidades. Elo.

ericbeat dijo...

Saludos Eloísa:

Me alegro mucho de que te haya gustado.

Como bien dices, no es en sí un relato clásico del formato "planteamiento, nudo y desenlace", sino que estaría más cercano del monólogo sobre un tema determinado (a ver si me ficha Buenafuente para su programa, je je je).

Aparte de etiquetas, lo importante es que sea divertido y que disfrute tanto quien lo escriba (un servidor) como los que lo lean (vosotros, estimados lectores y amigos).

Hasta pronto.

Anónimo dijo...

ME GUSTO MUCHO TU ANECDOTA PUES PORQ ME MUESTRA LA VISION DE UN PACIENTE HACIA TODO AQUELLO YA QUE YO SOY ESTUDIANTE DE ODONTOLOGIA... JEJE SALUDOS

Arabely dijo...

me gusto muuucho y voy a seguir viendo tu blog tienes cosas muy interesantes.. ademas me iintereso mas porque yo soy estudiantte de odontologia y me hizo ver las cosas de otro punto... muchos saludos

ericbeat dijo...

Hola Arabely:

Me alegro mucho de que te haya gustado mi escrito humorístico, y más teniendo en cuenta que eres estudiante de odontología ;-)

Es un placer que te hayas paseado virtualmente por mi blog y gracias por tus palabras.

Hasta la próxima.